historia de pepe

¿Estás pensando adoptar un perro? Por experiencia propia sé que tomar una decisión así a veces puede ser difícil, y aún más cuando comienzas a pensar en todo el trabajo y la responsabilidad que implica hacerse cargo de un peludito indefenso…

Pero oye, después de lanzarme a la piscina y varios años en la aventura, te puedo decir que hay un lado increíble y es el que verdaderamente vale la pena.

Por eso, hoy quiero contarte una historia, una de la vida real: la de Pepe.

 

Desde que tengo uso de razón soy una enamorada perdida de los perros.

Yo era una de esas niñas a la que le daba pánico quedarse en la guardería, y uno de mis remedios era pasar el rato con Amadeo, el perrito que había allí. Creo que fue entonces cuando empezó todo.

Así decidí que cuando fuera grande y tuviese mi propia casa, tendría un perro. Era la decisión de cajón.

“Carolina, si te ganases la lotería, ¿qué harías?” Comprarme una casa y un perro, esa era siempre mi respuesta.

 

Y entonces, hace pocos años me vi en MI casa y que la inmobiliaria no tenía problemas con el tema… Comenzó la búsqueda para adoptar un perro.

Luego de pocos meses, Frodo apareció en el Facebook en un álbum que compartió una amiga y que decía que eran perros para adopción urgente: Tenían todos fecha para sacrificio un mes después. Ahí estaba él con sus ojos hermosos mirando la cámara.

Recuerdo esos días en los que estaba indecisa, tenía la oportunidad que siempre había querido pero ahora me daba un poco de miedo. Y pensé: “Si no lo haces ahora, no lo harás nunca”. Esa fue la frase que me espabiló y me hizo llegar a casa corriendo a cerrar el trato con la protectora que lo acogía.

Luna, Frodo y Thor en adopción

Llegó a casa dos días después de presentar mi tesis del máster. Lo trajo un señor de MRW que me dejó en el portal con aquella criatura aplastada en el suelo que ¡no quería levantarse ni caminar conmigo! Porque claro, me habían aconsejado que primero lo llevara a caminar para conocernos y que hiciera sus necesidades, pero fue imposible y tuve cambiar el plan y subir a casa con él en brazos. No quiero contarte la mega-meada y la mega-cagada que tuve que limpiar minutos después.

El día que llegó a casa, durmiendo sobre el periódico que le puse para que hiciera pipi <3

Frodo no conocía nada… Nadita de nada. Había pasado sus pocos meses de vida encerrado en una jaula con sus hermanos.

Le tenía miedo a la correa, a la puerta, a la escalera, al ascensor, a los autobuses, y básicamente a todo. Cruzar un umbral con él era una odisea, con lo que salir y entrar de cualquier sitio era complicado, sin contar con que cada vez que se daba cuenta que iba con una correa atada al cuello, literalmente se aplastaba contra el suelo y no había fuerza que lo moviese.

Tuve que comprar un correa extensible, fue lo que me ayudó a acostumbrarlo a pasear atado… Pero la verdad es que era muy liosa y en cuanto pudimos, volvimos a la correa normal.
Eso sí, si veía a otro perro, era feliz.

Comenzamos a frecuentar pipicanes y a hacer amigos tanto peludos como no peludos. Es muy importante que desde el principio, los perros adoptados (y los comprados también, ¿eh?) tengan la oportunidad de socializar con otros congéneres y con otros humanos para evitar que se conviertan en “bichos raros”… Y estaba claro que a él lo que más le gustaba era el momento de jugar, de rebozarse y correr con sus colegas.

Jugando en el parque con Noa

Fuimos al veterinario para controlar que todo estuviese en orden y recibimos la charla de lo que supone adoptar un perro. “Doctor, ¿será mucho más grande?” “Bueno, en vista que ya ha mudado los dientes y que las patas no sé qué y no sé cuánto… No, sólo se ensanchará un poco más”…

A veces me apetece volver allí y (además de pedirle que me devuelva todo el dinero que me robó los siguientes meses) decirle que entonces pesaba 16kgs y que ahora ¡ronda los 40kgs!…

Sip, también aprendí que hay ciertos veterinarios a los que NO debes ir…
Lo siguiente que hice fue cambiarle el nombre. No respondía al que ya tenía, y yo llevaba algún tiempo pensando en que mi futuro perro se llamaría Pepe, así que empezamos a repetírselo una y otra vez.

Aprendió a sentarse, a dar la pata, a dar la otra, a echarse, un pseudo-muerto que a veces se le olvida cómo va, a chocar los cinco, a dar besos, y otras tantas cosas que él solo ha aprendido a cambio de algún premio.

Poco tiempo después de llegar, comenzamos a sufrir una época de ansiedad por separación, y he de confesar que fue tan dura para mí, que al principio me pasó por la cabeza devolverlo.

Lloraba, ladraba, mordía las paredes y puertas, rompió su camita, se comió una caja de anticonceptivos y unas chanclas… Pero después de trabajarlo algunos meses y de hacer terapia de “desensibilización”, ¡ya lo hemos superado!

En fin… Si, he de confesar que al principio fue muy difícil. Mucha paciencia y constancia me ha hecho falta para lograr que Pepe sea ahora el perro equilibrado que es.

Pero también, lo más importante es que gracias a él mi vida ha cambiado, he tomado decisiones que sin él seguro hubiesen sido diferentes, he conocido a un montón de gente, he creado mi propia marca inspirada en él, pero sobre todo, la compañía que me hace no tiene precio…

Así que, lo único que puedo decir es que adoptar un perro tiene que ser una decisión muy concienzuda, pero que ellos luego te lo pagan de forma infinita.

Me encantaría escuchar tu historia, seguro que tiene un final feliz también… ¿La compartes con nosotros en los comentarios?

O mejor aún, cuelga una foto tuya con tu perro en Instagram con el hashtag #adoptarunperro y etiquétame para poderla ver, ¿si? Recuerda que soy @elcollaretdelpep.

 

Y sip… Tenía razón, ¡debía tener un perro! :)

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